miércoles, 4 de noviembre de 2026

El gris más azul

Cielo gris, encapotado. Las primeras gotas comienzan a arañar los cristales. Van empapando el suelo y la memoria. Silenciosas, transparentes, despiertan al animal dormido que me habita. Vuelvo a aquella habitación, a aquellas horas en las que el mundo se quedaba en pausa y existíamos nosotros.

Otra lluvia, al otro lado de otra ventana, dibujaba senderos imprevisibles sobre el cristal. Nos descubríamos con impaciencia, traduciendo piel con piel el lenguaje universal que no precisa de palabras. Afuera, el cielo se derramaba despacio; dentro, conteníamos la marea. Dos cuerpos, dos respiraciones y una intimidad que desafiaba al mundo y a sus leyes absurdas.

Se diluye en el tiempo el sabor de tus besos y de tu piel. Lástima. Sin embargo, tu azul se me quedó dentro. Indeleble. Tu mirada azul que desarma. Tormenta y calma a la vez. Ese azul que no existe si no es en tus ojos. Duro y frío en la larga y media distancia. Tierno y cómplice en la distancia corta. Como si no hubiese otro lugar en el mundo donde quisieras estar.

Hoy me sorprendieron la lluvia y la nostalgia, que se empeña todavía en saber pronunciar tu nombre. Al otro lado del cristal llueve, la gente se apresura en un incomprensible intento de no mojarse, y yo sigo sin comprender cómo alguien puede marcharse de tu vida y quedarse para siempre en una mirada.

El gris más azul

Cielo gris, encapotado. Las primeras gotas comienzan a arañar los cristales. Van empapando el suelo y la memoria. Silenciosas, t...