lunes, 28 de junio de 2021

Puertas

Las puertas entreabiertas son peligrosas.
Se cuela por ellas el aire malsano
de lo que quizá pudo ser
mezclado con el ruido vicioso
de lo que inventamos.

Ciertas puertas es mejor cerrarlas siempre.
Asegurar el cerrojo.
Blindarlas con mil candados.
Y olvidarse de que una vez
estuvieron abiertas.

Segundos de gloria, 
minutos salvajes
se perderán en el silencio del otro lado.
A este lado, el olor a pólvora
de un solo disparo.

Sabios de todo el mundo
se afanan buscando 
cerraduras eternas
mientras los animales, 
sumisos, soñamos
con reventar esas puertas a patadas.







viernes, 2 de abril de 2021

Dentro

Dentro, muy dentro,
en su atalaya de pieles
que sacian su sed
cuando nadie mira.

Dentro, muy dentro, 
en su fuerte de 
manos hambrientas y
labios anhelantes.

Dentro, muy dentro,
en su jardín secreto
donde un día nacieron 
mil mariposas rebeldes.

Dentro, muy dentro.

sábado, 27 de marzo de 2021

Que me perdone la primavera

Que me perdone la primavera,
pero a veces viene la luna
y me enreda tu recuerdo 
entre los dedos. 
Pasa tan deprisa 
que me roba el aire, 
y al segundo siguiente
mi sonrisa rota lleva tu nombre.
Entonces me tengo que peinar 
los nudos de la garganta, 
mientras la niña de mis ojos
baila triste su canción de lluvia.

Que me perdone la primavera, 
pero ya no quedan flores 
que acunen tus palabras 
en sus pétalos.

viernes, 26 de marzo de 2021

¿Quién creerá en mis ojos?

 

¿Quién creerá en mis ojos ahora?

Ahora que todos los relojes detuvieron

sus agujas romas

en una despedida sin adiós. 

Ahora que las manos perdieron el dueño.

Ahora que ya no es posible 

acariciar los sueños.

Ahora que el silencio dibuja cuchillos

en las esquinas de la noche sin ventanas.

Ahora que soy un signo de

interrogación incandescente 

entre dos vacíos.

¿Quién creerá en mis ojos ahora?

viernes, 26 de febrero de 2021

Sin querer


Escribo sin querer, 
escribo porque las manos me arden
y pensar me torna los ojos niebla.
Ya no sé si creo en el tacto 
de la piel de los sueños.
Las heridas me han cambiado 
y un duende gris me acompaña
susurrando nombres y brisas sin risa, 
como si se burlara de mí. 
Increíble patetismo, intentar conjurarme
en estas líneas mal escritas.
Inventando pretextos
para disimular mis piezas mal engranadas.
Ganas de gritarle al viento
para que vuelva mi sol. 
Ganas de volar de nuevo 
aun con las alas desportilladas.
Recuerdos de sonrisas, de hilos y cenizas.
Vuelvo a escribirme otra vez, 
o quizá sea mejor
si dejo que esto se pierda también 
como todo lo que he escrito para ¿quién?
Si ya no soy, de nada sirve.
¿Para qué escribir sin musa, 
con un dolor como excusa?
¿Para tenerme de nuevo?
Solo sombras, un placebo.
En ocasiones, romperte
no es más que cuestión de suerte.
 





jueves, 21 de enero de 2021

De princesas y brujas


Las princesas
sueñan con príncipes.

Las brujas, con gatos
que les arañen la espalda
y lobos
que se las coman mejor.

¿Quién quieres ser en el cuento?

sábado, 9 de enero de 2021

Nunca te quise, lo sé y lo sabes.


Leo un texto trasnochado de alguien que se lamenta de cuán injusto es el amor, de las magulladuras que deja a pesar de no haber roto nunca un corazón. Me sonrío ante la simpleza del planteamiento, y pienso que yo tampoco fui nunca causante de esa suerte de descalabro. Pero me viene tu rostro a la memoria, y le veo las orejas a la duda. ¿Te dolí al marcharme? ¿Dejé en ti alguna herida, un poso amargo? ¿A raíz de qué estas preguntas? Nunca te quise, lo sé, y tú también lo sabías, o debiste saberlo. 

Fuiste tantas cosas... Los ojos azules de un cielo de verano. La sonrisa de niño bueno que escondía mil travesuras. La piel que arrancó gemidos y me regaló el deseo como algo mío. Los brazos que me sujetaban al borde del acantilado de las pesadillas. El que desarmaba las agujas del reloj para que las horas conmigo fueran eternas. El champán con fresas en algún jacuzzi y amaneceres con besos y mucho café. Aprendizaje, descubrimiento. La risa cómplice, la cerveza a medias y el sexo, salvaje o dulce, a raudales. La arena entre los muslos y el regazo donde leía mientras tus manos me acariciaban. La tabla de salvación del náufrago. 

Fuiste muchas cosas, pero nunca lo esencial. No fue culpa de nadie, ni siquiera mía, pero nunca dormiste en mi almohada las noches que no pasé contigo. Me llamabas volcán, pero solo encendiste una cerilla. Fuiste soplo de brisa, nunca catarsis de huracán. Tu lluvia no me traspasó la piel. Quizá en mi interior hacía mucho frío y por eso huyeron las mariposas. Me contaste mil veces los lunares pero no pudiste tatuar las huellas de tus dedos en mi espalda. Ni jugaste en ninguno de mis sueños. Ni te quedaste a vivir en una canción. 

No nos quisimos, lo sé y lo sabes, pero la súplica de tus ojos azules aquella mañana en el puerto...

BLANCAS SALEN

—¿Me estás escuchando?... La pregunta le llega lejana, difusa, como si su alter ego oscuro y malévolo la pronunciara desde kilóm...