jueves, 22 de junio de 2023

Mentiras

Apretaba los labios con furia y contenía las lágrimas que pugnaban por desbordarle unos ojos verdes donde ya no quedaba ni rastro de sueño. El nudo en la garganta le secuestraba las palabras y las ganas de gritar horadaban su pecho como una horda de aguijones rabiosos. Prometió que nunca nunca nunca le mentiría, y lo dijo tres veces, nunca nunca nunca. Podía perdonar las mentirijillas de los Reyes Magos o del Ratoncito Pérez, pero las mamás nunca deberían engañar a sus hijos, aunque solo tuvieran ocho años como él. ¿Por qué lo había tenido llorando tantos días creyendo que jamás lo iba a volver a ver? ¿Para qué se había puesto aquel traje negro de señor malo de las películas y la camisa blanca que le picaba en la piel y había lanzado aquel puñado de arena y su Funko favorito para que le hiciese compañía para siempre?

Buscó en el cajón de los cubiertos la llave oxidada de la puerta del patio trasero para que su papá pudiera entrar a la cocina a resguardarse del frío de la noche. Ya habría tiempo para hablar con mamá, pero esta broma no se la iba a perdonar nunca. 

Venganza




Sus ojos contemplaban la escena, pero no daban crédito a lo que veían. Suciedad, abandono, ruina. Alguien había profanado los blancos muros de su sagrado con un galimatías esperpéntico de letras sin atisbo alguno de significado. Donde otrora reinase la esencia última de la muerte, la calma, el silencio, imperaba ahora la nada, el vacío, la ausencia. Si las lágrimas hubiesen figurado en su catálogo de posibilidades las habría derramado por miles. Si su corazón fuese algo más que un estropajo de fibra seca se habría hecho añicos. En aquel lugar había yacido, serena, la memoria de su metamorfosis. En el primer nicho de la segunda fila había abandonado su carne trémula y había nacido su cuerpo de alabastro pulido. Sobre aquel suelo cubierto ahora de inmundicia había sentido por primera vez el tormento y el placer que provocaba simultáneamente el preciado rojo. Desolación, tristeza, rabia, furia. No pudo seguir mirando. Su rostro níveo y habitualmente hiératico se contrajo en un rictus de dolor. Esta vez, la venganza no aguardaría más de cien vueltas al sol. 

Primera vez



Hay ciertas sensaciones que deberían quedar registradas en la memoria del mundo. Debería acompañarlas una banda sonora memorable y una iluminación que no dejase ni un detalle al azar. Qué razón tenía aquel que afirmó que la primera vez no se olvida. Conservo el recuerdo como aquel que guarda un tesoro. El contraste del calor de su piel y el frío acero de la empuñadura en mi mano. El bulto duro en su entrepierna contra la lubricación artificial de la mía. El instante glorioso de profanación mutua y simultánea. Su carne dentro de la mía y mi anhelada venganza perforándole, implacable, el orgullo y el ventrículo izquierdo. Inolvidable el sonido de la hoja atravesando capas hasta alcanzar su objetivo y el olor de la sangre impregnando el ambiente. Su expresión de pavor y sorpresa y sus ojos exigiendo una explicación que nunca recibirían. Estuvieron buscando al asesino durante meses en los estratos más bajos de la chusma. Yo, su prometida, lo lloré todo un río hasta el funeral. 

Podría haber optado por el camino fácil y nada de esto hubiese ocurrido. Él por su lado, yo por el mío, y todos tan contentos. Pero no, escogió el camino de la cuerda corta y el chantaje en vídeo. Decidió que tenía el derecho de apropiarse de lo más valioso, de lo único que en realidad me pertenece, y someterme a su voluntad. Se equivocó por completo. Cosas de no escuchar o de no querer entender. Aquella primera vez fue necesario. El resto siempre serán homenajes incompletos a la memoria del día en que por fin fui libre.

lunes, 28 de junio de 2021

Puertas

Las puertas entreabiertas son peligrosas.
Se cuela por ellas el aire malsano
de lo que quizá pudo ser
mezclado con el ruido vicioso
de lo que inventamos.

Ciertas puertas es mejor cerrarlas siempre.
Asegurar el cerrojo.
Blindarlas con mil candados.
Y olvidarse de que una vez
estuvieron abiertas.

Segundos de gloria, 
minutos salvajes
se perderán en el silencio del otro lado.
A este lado, el olor a pólvora
de un solo disparo.

Sabios de todo el mundo
se afanan buscando 
cerraduras eternas
mientras los animales, 
sumisos, soñamos
con reventar esas puertas a patadas.







viernes, 2 de abril de 2021

Dentro

Dentro, muy dentro,
en su atalaya de pieles
que sacian su sed
cuando nadie mira.

Dentro, muy dentro, 
en su fuerte de 
manos hambrientas y
labios anhelantes.

Dentro, muy dentro,
en su jardín secreto
donde un día nacieron 
mil mariposas rebeldes.

Dentro, muy dentro.

sábado, 27 de marzo de 2021

Que me perdone la primavera

Que me perdone la primavera,
pero a veces viene la luna
y me enreda tu recuerdo 
entre los dedos. 
Pasa tan deprisa 
que me roba el aire, 
y al segundo siguiente
mi sonrisa rota lleva tu nombre.
Entonces me tengo que peinar 
los nudos de la garganta, 
mientras la niña de mis ojos
baila triste su canción de lluvia.

Que me perdone la primavera, 
pero ya no quedan flores 
que acunen tus palabras 
en sus pétalos.

viernes, 26 de marzo de 2021

¿Quién creerá en mis ojos?

 

¿Quién creerá en mis ojos ahora?

Ahora que todos los relojes detuvieron

sus agujas romas

en una despedida sin adiós. 

Ahora que las manos perdieron el dueño.

Ahora que ya no es posible 

acariciar los sueños.

Ahora que el silencio dibuja cuchillos

en las esquinas de la noche sin ventanas.

Ahora que soy un signo de

interrogación incandescente 

entre dos vacíos.

¿Quién creerá en mis ojos ahora?

BLANCAS SALEN

—¿Me estás escuchando?... La pregunta le llega lejana, difusa, como si su alter ego oscuro y malévolo la pronunciara desde kilóm...