jueves, 2 de octubre de 2025

BLANCAS SALEN


—¿Me estás escuchando?...

La pregunta le llega lejana, difusa, como si su alter ego oscuro y malévolo la pronunciara desde kilómetros de distancia y no desde apenas un metro. Se da cuenta de que no, de que realmente no ha escuchado ni una palabra de su discurso. Tampoco cree que se haya perdido mucho. Lo mismo de siempre desde hace unos meses. Que está muy rara. Que parece que no fuera ella. Que extraña el reto de las batallas dialécticas y las madrugadas discutiendo nimiedades. Que se ha roto el equilibrio y deben intentar recomponerlo a toda costa. Y bla bla bla ...

-Perdona, estaba distraída...

-Para variar... ¿Me vas a contar de una vez qué es lo que te pasa? Llevas meses ausente, perdida, con la cabeza en las nubes de a saber qué cielo... Creo que el alma por la que tenemos que velar está más inestable que nunca...

Sus labios se mueven y producen sonidos, pero ella está más concentrada intentando imaginar cómo sabrán. ¿Amargos y sulfurosos por cortesía del infierno donde nació? ¿O acaso dulces e intensos como las mieles prohibidas a los que nacieron para ser justos? 

-Hagamos una cosa... ¿Por qué no empiezas hoy tú la partida?- propone ella con voz suave y melosa.

-Pero, ¿qué dices? Blancas siempre salen. Negras esperamos...

-¿Y eso quién lo decidió? ¿Tú es que nunca te cuestionas nada? Harta estoy ya de las eternas confrontaciones, de vivir en la jaula de las permanentes dicotomías. Blanco o negro. Bien o mal. Luz u oscuridad. Ying o yang... ¿Cuándo os vais a dar cuenta de que en el universo nada es excluyente? 

Él la mira anonadado. Siglos y siglos y más siglos de historia y ahora resulta que se rebela ante las reglas. Inaudito. Nada propio de los seres que nacieron en la luz. ¿Y por qué ahora le brillan los ojos de manera juguetona, provocadora y desafiante?

–De acuerdo- concede ella- Blancas salen...pero esta vez a ganar...

Ella adelanta una ficha cualquiera, le da igual. Se levanta y recorre los pocos pasos que la separan de su compañero. Con parsimonia, se arremanga la túnica y se sienta a horcajadas sobre él. Sin darle opción a hablar, lo besa. Tanto tiempo imaginándolo. No es azufre ni brasa. Más bien miel y fuego. Él está tan confuso que no reacciona. Ella vuelve a levantarse y a ocupar su sitio original en la partida. Le toca mover a él. ¿Qué hará? 
No importa. Blancas han salido y blancas han ganado. Por fin ha plantado la semilla, y se pregunta qué brotará de ella.

jueves, 25 de septiembre de 2025

EL ÚLTIMO DIARIO DE LA ABUELA IRIA




La luz de un día neblinoso se colaba difusa por la única ventana que conectaba su estancia favorita con el jardín exterior. Su dolor de cabeza, cortesía de meses y meses sin conciliar bien el sueño, agradecía el profundo silencio de la biblioteca. Con la única compañía de su torbellino de pensamientos, cada cual más confuso, y el intenso aroma del mate, gusto heredado del abuelo Marco, se dispuso a afrontar por fin la tarea que llevaba postergando varios días. El último diario de la abuela Iria la aguardaba paciente, con las páginas abiertas deseosas de confesarle el secreto que durante tantos años había ignorado. 

"Mi muy querida niña Amelia:
En estas páginas encontrarás tu origen, tu historia, los verdaderos, los que siempre callamos desde el amor y la imperiosa necesidad de protegerte. Tal vez nos equivocamos al no decirte. Tal vez sí tenías derecho a saber, pero ¿cómo revelarlo sin causarte un terrible dolor? ..."

Su mirada se desvió hacia la ventana. Quería y no quería seguir leyendo. Los recuerdos de los días en los que su mundo se derrumbó volvieron a golpearla. Su vida de siempre se esfumó en minutos. La última frase de su madre en el lecho de muerte, «Aunque no nacieras de mi vientre, siempre has sido y serás mi hijita querida». Lo único que consiguió arrancarle a su padre fueron evasivas y excusas. «No hagas caso. Tu madre no tenía la cabeza en su sitio». «Sabes perfectamente que estaba enferma, y su mente en ocasiones inventaba cosas». Ni un atisbo de verdad halló en su mirada clavada en las juntas del suelo o el alicatado del patio. Por supuesto, se negó en redondo a una prueba genética. 

Ahora, entre aquellas páginas de letra pulcra y ordenada, tenía la oportunidad de conocer la verdad. ¿Por qué sentía entonces ese miedo atroz? Se forzó a seguir leyendo hasta que las lágrimas que le arrasaban los ojos se lo impidieron. No sabía cómo sentirse. Dolor, sobre todo. Una semana después de su nacimiento, su madre biológica se presentó de madrugada, golpeada y tremendamente malherida, en casa de a la que siempre llamó mamá. Era su mejor amiga. Una historia de maltrato silenciada por vergüenza. Una mujer que encontró en su bebé recién nacida el aliciente para huir y salvar, sobre todo, a la pequeña. Destrozada internamente por la brutal paliza, para la mujer fue tarde. Una súplica: «No dejes que la encuentre. Cuídala». A la mañana siguiente se mudaron a la casa de campo, y la semana siguiente ya vivían en Madrid. Los contactos del abuelo por fin sirvieron para algo. 

"Si estás leyendo estas líneas, mi muy querida niña Amelia, es porque ya dejé de caminar las sendas de los vivos. Espero puedas perdonarnos a todos, perdonar a esta vieja que, con su silencio, intentó protegerte del dolor. De la mujer que te dio la vida heredaste el nombre y el verde de los ojos. De la familia que te crió, todo el amor de este universo y de cualquier otro. "

Dolor. Silencio. Y el aroma intenso del mate.

jueves, 14 de agosto de 2025

ESCALA


DOlor. Explosión violenta de vacío. Big bang inverso que conjuga a dos tiempos el verbo morir. Minúsculas esquirlas de nada que se clavan donde un día anidaron aves.
REfugio. Sus dedos buscan refugio entre el blanco y el negro de un arpegio con vocación de abrazo. Melodía desencadenada de lágrimas desobedientes.
MIedo. Su viejo amigo miedo. Criatura sedienta que clava en el alma su rabia de animal herido. El monstruo que se cansó del armario y se mudó al espejo.
FAntasmas. Fantasmas que van y vienen entre corcheas y semicorcheas. Coreografías improvisadas entre las líneas del mismo pentagrama de siempre.
SOLedad. Soledad enredada en figuras que dibujan en el aire los sueños que murieron antes de nacer. Fusas. Semifusas. Breves y mordaces ironías de la vida.
LAtidos. Latidos furiosos, desordenados. Negras tristes sin mapa ni brújula. De Cenicienta sin zapato. De Campanilla sin alas. De Aurora insomne.
SIlencio. Silencio e indiferencia. Demasiada tragedia para unas manos que solo buscaron dejar la huella de una caricia. La sinfonía imperfecta de un segundo en Nunca Jamás.
DOlor.

miércoles, 30 de julio de 2025

ARDE


Silencio. Hace ya rato que dejó de sonar la música y se acabó el vino. Las luces de los edificios vecinos se han apagado casi todas y no queda más que la luna como testigo mudo del instante de revelación. Ya sabe lo que ocurre, pero no puede impedirlo. Si es que existe la posibilidad de impedir ciertas cosas, claro.

Hasta hace pocos días estaba convencida de estar de vuelta de todo, de caminar por encima del bien y del mal, de que la suerte le tenía reservado a ella, solo a ella, un baúl a rebosar de experiencias placenteras, de besos y caricias que caducaban cuando dejaba un cuerpo de rozarse con el otro. Le encantaba jugar y las reglas de las partidas estaban claras. En cualquier momento era libre de cancelar la suscripción a una piel u otra. Hubo una vez que creyó sentir el indescriptible cosquilleo de las célebres mariposas de las que todo el mundo habla, pero no. Tras unos días en algún limbo de enajenación, concluyó que no era para tanto y que eso que llaman amor vivía solo en las películas y en las páginas de los libros. Menudo derroche de imaginación.  

Sin embargo, ahora, es ella y al mismo tiempo no lo es. Su sofá se ha convertido en una inagotable fuente de recuerdo. Los ojos de él clavados en los suyos, hablando en un idioma universal que no necesita palabras. Ese aroma tan suyo que se le ha incrustado en las entrañas. Esos labios por los que bajaría al infierno cada media hora. Las manos que le provocan incendios con una sola caricia. Ahora lo sabe. Sabe que ya no podrá ser otro con la certeza de que también sabe que no quiere que sea otro. El eco de sus jadeos sigue resonando en el aire y comienza a lloverle por dentro el deseo de volver a tenerlo en un sinfín de preposiciones distintas. Arquea la espalda y su recuerdo es más vívido todavía.

El mundo sigue girando, y ella sabe que va a arder sin más remedio.

jueves, 10 de julio de 2025

PALABRAS

A la mayoría de gente no le importan las palabras. Son solo eso. Palabras. Simples significantes portadores de un significado concreto. Lexemas complementados por morfemas. Grafemas unidos por un objetivo común. Fonemas encadenados que perfilan bocetos semánticos. Estandartes sintácticos que cumplen a la perfección su propósito comunicativo. Estructuras inertes que nacen y  mueren en las estáticas páginas de diccionarios infinitos. Qué equivocados están.

Para la mayoría de personas las palabras son solo eso, palabras, pero para ella no. Sabe que hay algunas que infligen heridas y otras que las sanan. Que hay palabras que dan a luz universos enteros y otras que los destruyen con solo una sílaba. Que la inmutabilidad del signo lingüístico saussuriano es pura falacia, porque no significa lo mismo "beso" cuando lo disfrutas que cuando lo extrañas. Que el significante "noche" no apunta en la misma dirección cuando la habitan sueños hermosos que cuando el monarca absoluto es el insomnio. Que no es lo mismo el "invierno" para quienes hallaron su hogar en otras almas que para aquellos que ya conocen el doloroso gris de la indiferencia.

A la mayoría de gente no le importan las palabras. Pero a ella sí. Por eso lleva clavadas en el corazón unas cuantas que de ningún modo logra cederle al olvido, que de cuando en cuando aparecen con dudosas intenciones y le borran esa sonrisa que tanto le cuesta pintarse en la cara últimamente. A la mayoría de gente no le importan las palabras. Pero a ella sí. Por eso derrama lágrima tras lágrima y malgasta hojas de papel mientras, en vano, trata de escribir un "adiós" como sinónimo de "derrota".

jueves, 26 de junio de 2025

HERALDO

La hora se aproxima. No tardará mucho. En su infinita sabiduría sabe que soy de naturaleza impaciente y no me hará esperar más de lo necesario. Ya no sé si pesan más los años o los daños, pero se acerca para procurarme alivio. Sus pasos resuenan en los corredores desiertos. Su aliento calmo viste de paz los lóbregos rincones que desde hace siglos no visita nadie. La hora se aproxima y las viejas campanas de la iglesia del pueblo quiebran la quietud de la medianoche.

Como por ensalmo, oigo de repente el graznido breve de su fiel heraldo posado al fin en el alféizar de la ventana. Terciopelo azabache en sus alas. Inquietas obsidianas en las cuencas de sus ojos. Cuentan que nació del color de la nieve, pero la furia de Apolo lo calcinó en su imbatible llamarada y lo volvió negro. Negro como noche sin luna ni estrellas. Negro como las puertas del infierno y el remo incansable del infame Caronte. Negro como el destino de los que, como yo, no morimos en la tormenta que debió matarnos. Presagio oscuro de los vencidos ilesos.

Por los postigos entreabiertos de la ventana silba el viento quizá su última melodía, banda sonora de los momentos previos a mi muerte.

jueves, 19 de junio de 2025

NO LO VI VENIR



No lo vi venir. Sé que suena a excusa probablemente barata, pero no lo vi venir. Debí haber estado más atento. Tanto tiempo junto a ella y no fui capaz de darme cuenta de que caminaba descalza junto al borde del abismo. 

No sé qué decir. No sé qué pensar. Se supone que los ángeles no lloramos, pero noto mezclarse la sal de mis lágrimas con la fina lluvia que me moja el rostro. ¿Será que de tanto estar con los humanos se me ha contagiado algo? Hasta las oscuras nubes reprueban este pensamiento. No queda ya lugar para el sarcasmo aquí. Creo que no podré perdonármelo nunca. 

Siempre fue tan terca, tan bruta, tan...ella. Estar a su lado era vivir en quasi permanente vigilia. Si no era una cosa era otra. Por el amor del Padre, qué manera de coleccionar pequeños y no tan pequeños inconvenientes. Aunque ya nunca rezaba, más de una vez me guiñó un ojo cuando salía indemne de algún dislate. Siempre se repuso. Siempre demostró entereza ante los golpes que le dio la vida, y no fueron pocos. Su alma brillaba aun en tiempos de tiniebla. Ella no lo sabía, pero cuando sonreía el mundo era un lugar mejor.

Por eso no lo vi venir, y sé que nunca podré perdonármelo. Debí haberme dado cuenta de que la tristeza de sus ojos les había apagado el brillo. Haber notado que sus ojeras eran más profundas y más oscuras. Que ya no soñaba despierta, y cuando lograba dormir descendía rauda al infierno de las pesadillas. ¿Cómo pudo romperse así? ¿Qué la llevo a rendirse de aquella manera irrevocable?

Solo fue un ratito. Un ratito nada más. La noche era muy fría y, cobijado en las mantas, se me cerraron los ojos. Se levantó a fumar como algunas noches, y yo me quedé dormido. Unos minutos. Y no volvía. Esperé un poco, por aquello de la privacidad y esas cosas, pero no volvía. El vaso de agua a medio sobre la mesa. El blíster de pastillas vacío salplicando de plata una baldosa del suelo. Y ella que no despertaba por mucho que le gritaran. Sigo sin creérmelo, por más que pasen los días y yo siga aquí sentado en este lugar de nadie. 

Y sí, los ángeles de la guarda también lloramos.

jueves, 12 de junio de 2025

Juez, jurado y verdugo



Dicen que dijo Aristóteles que somos dueños de nuestro silencio y esclavos de nuestras palabras. Sin embargo, ella aprendió pronto y por las malas que ciertos silencios se convierten en nuestros indiscutibles amos y nos encierran en jaulas de barrotes invisibles. 

Parlanchina a más no poder, cuando estaba alegre solo le faltaban las plumas para emparentarla con las exóticas cacatuidae. Su estentórea risa podía percibirse a larga distancia sin mucho problema. Cuando por algún motivo se le dispersaba el júbilo, también recurría a la palabra como válvula de escape. Pero eso era antes. Antes del día D y la hora H. Antes del seísmo que lo cambió todo. Antes del huracán que la vació por dentro y le arrancó la piel que no se ve, despojándola de la chispa que alimentaba constantemente la llama. Cuentan las malas lenguas que de tanto sentir sin ser sentida se le agrietó el alma, y por sus rendijas se filtró todo el gris del universo. 
No supo luchar y sus noches en vela se tornaron la crónica de una derrota anunciada. Quién lo diría. Ella que siempre le había plantado cara al dolor y a vida, y construyó su propia prisión con ladrillos de silencio. Y entre el vacío de sus mudas paredes la vencieron el miedo y sus secuaces, que le cantaban al oído todo lo que nunca sería, mutando su hermoso abecedario en espinas que nunca conocerían la rosa. Angustia el lugar de Amor. Burla en vez de Beso. Cráter donde siempre latió un Corazón. Dolor amordazando al Deseo... 

Quiere escapar. Quiere y no puede. Quiere y no sabe. Juez, jurado y verdugo de su propia condena, desconoce que nadie más que ella misma puede cortar la cuerda que le aprisiona las manos, la voz y las alas. 

jueves, 5 de junio de 2025

Aunque fuera un instante



Sucede que a veces, por mucha experiencia que se tenga, la vida, los dioses o los hados del destino (crea cada uno en lo que quiera) no muestran sus cartas hasta que lo juzgan oportuno, y suelen hacerlo en forma de un aquí te pillo aquí te mato que nos deja con pocas o ninguna opción para variar el rumbo de nuestros pasos. Nos cambia la melodía y la letra de la canción a cuyo son danzamos y no nos queda más remedio que rendirnos a la evidencia.

Fíjense si no en ella, vivo ejemplo de lo que narra esta humilde voz en off. Ella, la que un día se bebía el mundo a sorbos de distintas copas (no fuera que se aburriese), ahora mira sin ver a un punto indeterminado al otro lado de la ventana. ¿Qué hay en sus ojos? Melancolía, quizás. Añoranza, tal vez. ¿Por qué se curvan sus labios en una mueca a medio camino entre la sonrisa triste y el puchero? Su rostro es, desde luego, un caleidoscopio de emociones, y no sabe si dejarse tragar por el mar de pena que la embarga o abrir las alas y echar a volar con el primer viento de esperanza que en ocasiones le alborota el pelo. Si la conociesen, no les haría falta ni preguntarse en qué esta pensando, pero ya se lo digo yo: está pensando en él. Como siempre, como nunca, como cada vez que respira.

Porque ustedes no lo saben, pero esa loca (que no me oiga) de los ojos llenos de agua un día fue astronauta. O lo es, aunque se lo niegue con la boca pequeña y el corazón encogido. Y surcaba el firmamento de universos enteros a lomos de una estrella fugaz solo por imaginar la risa de quien se convirtió en su sol. Cuántos momentos desfilan ahora por esa mirada perdida. Con qué ahínco la memoria se rebela contra la forzada e imperiosa necesidad de olvido. No pudo ser, le susurra con pesar a la taza de café que remueve como si en ella fuera a encontrar su salvación. No pudo ser, se repite, pero qué no daría por volver a sentir el calor de sus manos unidas aunque fuera un instante.

jueves, 29 de mayo de 2025

Rosas rojas


El tiempo parece haberse olvidado de la existencia del antiguo Salón del Trono. Sus afiladas garras no han dejado surco en los gruesos muros ni en los altos techos. La serenidad de su piedra sigue intacta, inasequible al paso de los siglos. El mismo frío que atenaza las palabras y escarcha el vaho en cuanto se atreve a salir de la boca. Siempre igual, hasta donde la memoria alcanza. Ni un ápice de diferencia desde que era niña.

Sin embargo, hoy una figura de porte regio me observa impasible desde el trono de obsidiana símbolo del poder absoluto. Su postura y esa forma de mirar al frente con la barbilla ligeramente alzada me resultan familiares. Da escalofríos, ya que no le queda una pizca de carne pegada a los huesos. Me estoy empezando a poner nerviosa. Un momento, ¿no es ese el vestido que tan primorosamente han confeccionado las modistas de la corte para mi coronación? Elegante seda negra con apliques en rojo en la pechera, escote insinuante sin llegar a indecoroso. El vestido justo y necesario para la coronación de la primera reina que han visto estas tierras en milenios. ¿Por qué lo ha tenido que estrenar este decrépito esqueleto? De repente, comienzan a brotar rosas rojas por todas partes. Sobre el pulido mármol de la escalera, salpicando la falda y el cuerpo del vestido sin ninguna consideración. Se aferran a la obsidiana del trono y forman tras él una cascada de vibrante carmesí. Sin que mis ojos lleguen a dar crédito a lo que ocurre ante ellos, los encendidos pétalos comienzan a gotear y, de repente, el aire de la estancia adquiere un olor metálico. ¡Sangre! ¿Pero alguien puede explicarme lo que está pasando aquí?
Sin prisa pero sin pausa, el esqueleto vestido de seda se pone en pie y una voz de ultratumba inunda el salón y termina de dejarme congelada.

– Si esa corona que tanto deseas llega a posarse sobre tu cabeza, correrá la sangre, más concretamente la tuya. 

Su imagen, junto con el rojo de las rosas y la sangre, se va difuminando hasta desaparecer por completo, dejando solamente un rastro de aroma dulzón como testimonio.

Mi mejor amiga y dama de compañía abre la puerta y, como un tornado, atraviesa la habitación corriendo cortinas y abriendo postigos.

– ¡Vamos, Su Majestad perezosa! Que ha llegado tu día y hay mucho que preparar. En menos de una hora esto estará lleno de modistas, peluqueras y demás, y antes tienes que desayunar como Dios manda.

Sigo quieta en la cama. No reacciono. Suspiro de alivio. Solo ha sido un sueño.

– Por cierto, y antes de que te enfades y te salgan arrugas que luego no vamos a poder disimular con maquillaje, tengo que darte una noticia...

La miro sin pestañear y sin emitir sonido alguno.

– Respira hondo, porque tu queridísima madre ha invitado a tu más queridísimo todavía hermano a la Coronación. ¿Y a que no sabes qué? El hijo pródigo ha aceptado como gesto de buena voluntad hacia su futura monarca. Llegará esta tarde, pero antes te envía un presente a modo de disculpa. Ahora te lo trae un paje.

Sin palabras. Hace más de un año que no sé nada de mi hermano. Justo desde el día en que se marchó maldiciendo en arameo porque mi padre lo consideraba demasiado tarambana y me designó heredera tras abdicar para disfrutar de la vejez. Esto no me huele nada bien... Aún no me ha dado tiempo a levantarme de la cama cuando un toc toc en la puerta precede a la entrada de un paje cargado con un enorme ramo de rosas rojas...

Tengo que escapar.

jueves, 22 de mayo de 2025

Y que el mundo mire hacia otro lado

Danzad. Danzad, malditas. Danzad. Sea el cimbreo de vuestros cuerpos impíos loor a mi obra imperecedera. Cúbrase el mundo con un velo de oscuridad eterna que engendre un negro aún más oscuro si cabe. 

Que donde hubo amor germine con brío la mala hierba del odio. Que donde hubo pan reine victoriosa el hambre. Que donde hubo vida habite la muerte los ojos inmensos de un recién nacido. 

Danzad. Danzad, malditas. Danzad. Sea el sinuoso movimiento de vuestros vientres impuros celebración dichosa de mi éxito en esta tierra de ciegos. Queden la humanidad y la misericordia reducidas a cenizas sin posibilidad de rescoldo. 

Que la decencia no sea siquiera un vago recuerdo y las almas se conviertan en piedra a fuerza de indiferencia. Que donde una vez existió la sombra de una risa triste silben los misiles y atronen las bombas. 

Danzad. Danzad, malditas y, por encima de todas las cosas, procurad que el mundo mire hacia otro lado. 

jueves, 15 de mayo de 2025

Érase una vez...


–Todas las noches lo mismo, hijo. Será por cuentos...

– ¡Vengaaa, mamáaaaaa, que el de Caperucita nunca me lo cuentas!

– Y tú venga a insistir... Es que eso no es un cuento, sino una sarta de patrañas...

– ¿Qué es una sarta, mamá? ¿Las patrañas se comen?

Agotada tras una durísima jornada en la oficina, el tráfico, los vaivenes de mi cabeza, esto es ya lo que me faltaba. Se me escapa un suspiro de resignación. Alguna vez tendría que ser... Me siento en el borde de la cama de mi hijo y respiro profundamente.

– Está bien...pero calladito, ¿vale? Érase una vez una adolescente que vivía con sus papás en un pueblucho muy parecido a este. Como no había mucho que hacer, y los vecinos del barrio siempre hacían lo mismo, la chica se aburría y el único sitio donde encontraba diversión era el bosque. Se pasaba horas mirando las plantas, contando las flores, observando embobada a insectos y animalillos...

– Mamá, que yo creo que te estás equivocando de cuento, ¿eh?

– He dicho que calladito, no me interrumpas. ¿No querías Caperucita? Pues toma Caperucita. Como iba diciendo, a la chiquilla se la reconocía perfectamente porque siempre vestía abrigos o chaquetas con la caperuza roja. Desde pequeña se los hacía su abuela para que no se le perdiera en el mercado, y al crecer no perdió la costumbre. Una tarde de primavera, sin darse cuenta, se internó demasiado en el bosque, se le echó la noche encima y no encontraba la manera de volver a casa. Lloraba a los pies de un gran árbol cuando un lobo enorme se acercó con la intención de averiguar qué animal provocaba aquel ruido tan molesto. Al ver a la muchacha indefensa, le dio pena y decidió ayudarla. Cogió suavemente entre sus dientes un pliegue de la capa roja y fue guiándola hasta dejarla a la entrada del pueblo. Como agradecimiento, Caperucita le dio un beso en su cabezota y de repente, ¡chas! El enorme lobo se transformó en un fornido muchacho.

–Mamáaaaaaa, que ese cuento no es...

– Desde aquella noche, Caperucita volvió todos los días al bosque, lloviera o tronara, para encontrarse con su salvador, del que se había enamorado profunda y perdidamente.

–Pero, ¿no pasaba por el bosque para llevarle comida a su abuelita?

– ¿Qué te crees, hijo, que en aquel pueblo no había Mercadona?

– ¡¡¡Que no me gusta ese cuento!!! ¡¡¡Que no es la historia que nos lee mi seño!!! ¿Cuántos días faltan para que cambie la luna y vuelva papá de viaje? Yo la veo ya un poco mordida, ¿eh?

– Mañana, hijo, volverá mañana.

Salgo de su dormitorio y entro en el mío. Sonrisa y nostalgia al mismo tiempo. Abro el cuerpo derecho del ropero. Decenas de capas rojas me reprochan el tiempo que ha pasado desde la última vez que les hice una visita.

jueves, 8 de mayo de 2025

TÚ A LO TUYO


¿Para esto has venido? ¿Para quedarte callado y mirarme en silencio? Mira , para que me miren y me juzguen ya tengo a mis gatos. Y tú no tienes ningún derecho.  Ninguno en absoluto. ¿Me estás oyendo? Qué me vas a oír, si ni siquiera me escuchabas cuando estabas vivo... Si lo hubieras hecho, otro gallo nos hubiera cantado. Pero no. Tú a lo tuyo. Tú siempre a lo tuyo. 

Dime, entonces, ¿a qué has venido si esa boca tuya no va a soltar prenda? De verdad que vaya forma de hacerme perder el tiempo. ¿No podrías haberle hecho la visita a tu amiguita y dejarme a mí con mis cosas, que bastante tengo? Claro, tú no tienes ni idea de todo el papeleo que me ha tocado hacer por tu culpa. Que si notario para arriba, que si registro para abajo. He firmado tantas cosas ya que he perdido la cuenta. Ah, y te lo advierto, si vienes por tu Rólex o alguno de los otros relojes exclusivísimos que te regalaban tus "clientes" (ja, mira cómo me río), llegas tarde. Con la pasta que he sacado ya he dado la entradita de ese apartamento tan ridículo que te espantaba pero desde el que desayuno los fines de semana mirando el mar.

Que no me mires así, te estoy diciendo. Que no será que no estabas advertido. Que te lo dije mil veces. Mientras a mí no me falte de nada, haz lo que quieras, pero al menos ten la decencia de que yo no me entere. Pero tú no. Tú siempre a lo tuyo. ¿Es que no habían más hoteles en la zona, hijo? ¿Teníais que venir justo al mismo en el que yo te había dicho que iba a pasar el puente con mis amigas? Claro, como nunca me escuchas, qué ibas a saber tú. ¿Tú sabes la cara que se me quedó cuando saliste del ascensor con tu amiguita, sí, la de las tetas operadas y el Mercedes biplaza? Que buena está, no te lo niego, pero a choni y descarada no le gana nadie. Qué poco glamour, hijo, con lo elegante que siempre has querido ser tú. Y de listo que te las dabas, oye, pero ni cuenta te diste de la estricnina en tus cócteles esos de hombre importante. Anda, anda, que poco sufriste para lo que merecías después del ridículo que me hiciste pasar. Menos mal que mi primo Antonio no era muy espabilado y firmó el certificado así sin más preguntas. Venga, que ya me has entretenido bastante, que ni muerto me dejas en paz. 

jueves, 1 de mayo de 2025

Cuando acierta el horóscopo

El periodistucho que redactó lo que le depararía el día a todos los Piscis del universo acertó de pleno, al menos en cuanto a su vida concernía: hoy tendría lugar el acontecimiento que tanto había esperado y que lo cambiaría todo. Para bien o para mal, pero cambiaría. No leyó lo que el astrólogo de pacotilla le auguraba a Escorpio pero, si acertaba también, bueno no tendría que ser. Si hubiera tenido suerte, se habría clavado su propio aguijón ponzoñoso y le habría evitado a ella tener que salir en este día de perros.
Le había costado un triunfo aquel drástico cambio en su imagen, pero estaba segura de que ahora no la reconocería ni su propio padre. Meses sin probar apenas bocado y tirando de paciencia mientras su pelo corto se transformaba en oscura melena habían dado forma a aquella mujer atractiva y misteriosa que fingía estar en apuros sobre el asfalto de una carretera poco transitada en medio de ninguna parte. Semanas de seguimiento y observación le habían confirmado que aquel lugar sería el idóneo para poner fin de una vez por todas a la razón de su insomnio.
Fiel a su costumbre, la "razón" circula despacio deseando llegar a casa tras una larguísima tarde de trabajo en la que, como siempre, ha fundido la batería del móvil intercambiando mensajes con su amorcito. Reprime el volcán de rabia que le arde dentro al recordar cuánto se quieren. Se detiene en el arcén a auxiliar a la extraña que aguarda paciente bajo el inclemente cielo de una noche tormentosa de mayo. Por supuesto que la acerca hasta el pueblo. Faltaría más. Con una sonrisa de suficiencia y creyéndose una vez más superior al resto, hace amago de arrancar el coche. Cuando se da cuenta de lo que ocurre ya es tarde. El afilado acero ha traspasado su carne como la de cualquier mortal y ahora se aloja en su vientre tras haber desgarrado sus entrañas. Su divina sangre fluye con libertad y le empapa la ropa tiñendo un inocente blanco de un mucho más interesante rojo. «Las diosas perfectas también mueren», le susurra mientras la luz de un relámpago alumbra el destello de locura que chispea en sus ojos. «¿O pensabas que te ibas a ir de rositas después de haberme robado lo que más quería?»

jueves, 10 de abril de 2025

ME RINDO



Si miro las redes, están llenas de mensajes positivísimos que anuncian en diferentes tamaños y colores que rendirse no es una opción. Pero, ¿sabes?, siempre he sido más de Mr. Puterful que de Mr. Wonderful y, además, ya no me quedan fuerzas. Asumo mi derrota y doy un paso atrás. Me rindo, tú ganas. Me rindo, yo me equivoqué. Nunca fui de darme por vencida a la primera, ni a la segunda... ni a la centésima, pero son ya demasiadas horas buscando respuestas en las puntas de mis zapatos y mi almohada ya me odia por acumulación de lágrimas.

Quédate con lo que gustes. Quédate con la luna, que no la voy a mirar más. Total, para estar siempre a oscuras no es necesaria. Te regalo las canciones que me hacen pensar en ti, que son todas las escritas. Te regalo la piel, y los labios, y las manos, que ya no me sirven. Las noches sin pegar ojo y la jauría de por qués que me muerden la sonrisa. Quédate con mis ojeras y con el nudo que me atenaza la garganta incluso ahora mientras escribo estas líneas. Con mi amor infinito que no atiende a razones, mis ganas de verte  y el brillo de mis ojos cuando sonríes. Quédate con todo, que más me vale seguir a trozos que hundirme entera.

Y ojalá que el viento se lo lleve todo. Todo excepto aquel primer beso que me hizo descubrir que podía ser real lo que hasta ese entonces solo había sido un cuento.

jueves, 3 de abril de 2025

De mantis a hormiga



Qué difícil acostumbrarse a no tener la sartén por el mango, piensa mientras el aroma del café coloniza su ser a través de las fosas nasales. Se reiría al pensar quién fue ayer y quién es ahora. Se reiría, por supuesto, si no fuera por el nudo en la garganta que le permite apenas tragar el brebaje matutino. Tiene claro que quien se ha despertado esta mañana no quiere ser la de antes, pero la de ahora no le gusta un pelo. Podría haber cambiado un poquito, pero no, si la lía lo hace a lo grande, faltaría más.

Un día tuvo el mundo a sus pies, conseguía lo que quería con una mirada y una media sonrisa de esas que nunca sabes a ciencia cierta qué significan. Siempre le gustó jugar partidas arriesgadas pero placenteras. El roce hace el cariño, sí, pero llevaba la profilaxis emocional de serie, y si el juego perdía emoción, a otra cosa, mariposa. Cambiaba de adversario por aquello de no tentar al aburrimiento y, si era necesario, acababa con ellos con un simple "ya hablaremos".

¿Y ahora quién soy?, se pregunta, con la certeza de que la respuesta no hará sino ahondar el pozo de su tristeza. De reír con ganas a tragarse las lágrimas. De reina del tablero a sombra difuminada de escaque, de todopoderosa mantis a insignificante hormiga. No es necesario indagar en los motivos, que están claros como el agua. Nunca debió quitarse la armadura, pero ya es tarde, muy tarde. Remueve el café con la cucharilla, a pesar de que se le ha olvidado ponerle azúcar. 

jueves, 27 de marzo de 2025

LA ÚLTIMA PARTIDA



Por lo general, el camino de la vida no suele ser fácil para las almas que lo transitan, pero fuera quien fuera aquel dios que había jugado a los dados con mi suerte era sádico de más. Mi mera existencia debo agradecerla a una panda de borrachos que violaron a mi enclenque madre, que murió pocas horas después del parto abandonándome a la negligencia de unos abuelos pobres como ratas, que se santiguaban en mi presencia y me miraban como una aberración. Ni nombre me pusieron hasta cumplir el año, por si la fortuna les sonreía y no tardaba en morirme. Crecí entre miseria y piojos y aprendí a razón de paliza diaria. A pesar de los pesares, le gané la partida a la vida y sobreviví.

A los dieciséis me casaron con un campesino del pueblo de al lado más feo que picio pero de corazón noble. Parco en palabras y de carácter rudo, me enseñó a trabajar la tierra para que nunca me faltara el sustento y sembró en mi vientre dos hijos que me hicieron pensar que quizá la vida no fuera tan mala. Ni las plagas ni las sequías ni el hambre de los inviernos pudieron con nosotros. Supongo que fui feliz entonces, al menos a ratos, en nuestra humilde morada a la vera del río, hasta que una tarde de septiembre sus aguas se lo llevaron todo. Andaba yo vendiendo fruta por los pueblos de la vecindad, y cuando regresé nada tenía ya. Ni hogar, ni marido, ni hijos. Ni cuerpos en una fosa para llorarlos. Otra vez en la casilla de salida, pero volví a ganar la partida y no me morí de pena.

Con la única compañía de mi mula vieja llegué a esta ciudad gris donde se asfixia hasta el aire, la vendí por un puñado de monedas y desde entonces he malvivido, porque esto vivir no ha sido, de ruina en ruina, de fábrica en fábrica, de sol a sol partiéndome el lomo por un mísero jornal que ni para comer bien me daba. Siempre pobre. Siempre sola por si al cabrón que maneja los hilos de mi historia le divertía quitarme algo más. 

Mírame ahora a la luz de esta vela que no aporta más que penumbra. Mírame ahora, vieja, decrépita y con más dolores de los que pueden soportarse. Con la enfermedad mordiéndome los huesos como un perro rabioso y robándome hasta el aire de los pulmones. Mírame con esos ojos de oscuridad e infinito y no preguntes más. ¿Que por qué sonrío? Porque tengo la certeza de que esta última partida no se gana nunca y a mí ya no me quedan fuerzas para jugar.

jueves, 20 de marzo de 2025

ALERTA ROJA EN BLANCO Y NEGRO


No quiere, pero ocurre. Intenta evitarlo con todas sus fuerzas, pero no lo consigue. Un pensamiento tras otro la golpean y destruyen una coraza que ha ido forjando durante meses. La copa de vino la observa con malicia, tirada como un juguete roto sobre un colchón que ha sido testigo de horas sin duda más felices. 

«No es nada», susurra en bucle a modo de letanía monocorde. «¡No es nadie!», le grita a pleno pulmón a la copa, que cada vez es más cristal y menos vino. Pero sus palabras no tienen efecto alguno sobre la tormenta que va conjurándose entre las cuatro paredes desnudas. No sabría decir si la primera rebelde ha sido el alma o la piel, pero el alzamiento es ya un hecho consumado. 

Las manos que recorrieron el mapa de sus lunares se cuelan a traición por la puerta abierta que el alcohol ha dejado en su memoria. Alerta amarilla. Los ojos repletos de deseo que tantas veces se clavaron en los suyos la derriban sin perdón y sin permiso. Alerta naranja. Los labios que le arrancaron gemido tras gemido vuelven a hacerse dueños y señores de piel para adentro. Alerta roja. Y ella, la copa ya vacía hace rato, deja salir las lágrimas que lleva reteniendo desde aquel adiós que nunca fue pronunciado, convirtiéndola en un trazo difuso, en poco más que un borrón de su propia imagen en blanco y negro. 

jueves, 13 de marzo de 2025

NO ABRAS LOS OJOS


No abras los ojos. No mires. Ella está ahí. Como siempre. Acechándote. Esperando el menor descuido por tu parte para arrastrarte a esa oscuridad donde apenas llega el aire a los pulmones. Para hundirte en el subsuelo y apresarte entre raíces de insoportable dolor. Observa tus cicatrices, que atestiguan que ese infierno no es de fuego pero el hielo hiere igual. No quieres regresar a ese negro ni a esos días sin tiempo ni esencia.

Por eso no abras los ojos, no mires, no permitas que te atrape el monstruo del que huyes muchas noches bañada en el sudor frío de las pesadillas. De ella no te puedes esconder. A ella no la puedes engañar. Conoce hasta el último resquicio de tus entrañas, hasta el último pliegue de tus pensamientos. Nació en tu primer tropiezo y se alimenta, con gula, de tus miedos y fracasos. No tendrá piedad, lo sabes, y te susurrará con dulzura y crueldad a partes iguales el monólogo que tantas y tantas veces ensayó. Que para qué. Que te rindas. Que no eres suficiente. Que cada uno se engaña con la mentira que más le gusta. Y, una vez más, su verdad será la tuya.

Aprieta fuerte los párpados y mantente firme y, por lo que más quieras, no abras los ojos, no mires. Tu peor enemiga te aguarda impaciente para fundirte en su abrazo y recordarte otra vez qué botón pulsar para que deje de doler. Huye, huye ahora que todavía puedes, porque ese monstruo... Ese monstruo eres tú.

jueves, 6 de marzo de 2025

SIN MAPA NI BRÚJULA


Siempre he pensado que, sin lugar a dudas, hay viajes que se disfrutan más en compañía. Lo que jamás habría imaginado es que cierto tipo de fantasías pudieran convertirse en realidad. No sabría contar las veces que mi mente ha volado, sin poder evitarlo, hacia esas escenas. Y ahora, resulta que una simple puerta de madera es la frontera tangible entre el Edén y la Tierra. A través del ojo de su cerradura se adivinan maravillas que nadie escribirá en los libros de Historia pero que, o mucho me equivoco, o quedarán grabadas sin tinta en mi memoria.

Con mano temblorosa de anticipación, abro la puerta con suavidad. La luz del ocaso entre las cortinas baña la imagen que hasta hace segundos rendía tributo al reinado del sueño. Es verdad. Me esperan. No me lo he inventado. El primer contacto visual ya me confirma que no solo estoy invitada, sino que soy bienvenida. Un cúmulo de sensaciones y emociones se adueñan de mis sentidos. Expectativa, anticipación, deseo. La distancia entre nuestros cuerpos se reduce a pequeños pasos e inmensas ganas. 

Lo miro y entiendo a la perfección lo que me dicen sus ojos. La miro y comprendo sin necesidad de palabras lo que grita su piel. Que somos náufragos que anhelan la salvación de la misma playa. Un roce de labios da comienzo al juego más antiguo, escrito en el idioma del instinto. Al viaje más excitante que se emprende sin mapa ni brújula. Lenguas que recorren con deleite montañas y valles placenteros. Dedos que trazan curvas sin pudor ni freno. Cuerpos y almas danzando salvajes al son de una melodía a tres voces. Y la noche se transforma en un río de caricias a seis manos. 

Siempre pensé que había viajes que se disfrutaban mejor en compañía. Lo que no sabía era cuánto.

BLANCAS SALEN

—¿Me estás escuchando?... La pregunta le llega lejana, difusa, como si su alter ego oscuro y malévolo la pronunciara desde kilóm...